Bendiciones en lo bueno y en lo malo

 Todo lo que nos ha sido dado

Hace poco, un joven amigo mío estaba muriendo. Una noche, ya tarde, mientras me preparaba para marcharme de su habitación de pacientes terminales, me incliné para susurrarle: “Te quiero”. Con lágrimas en sus ojos, me respondió: “¡Soy muy afortunado! ¡Soy muy afortunado!”. Esas palabras me impactaron. En lo que podría haber sido el último día de su vida, mi amigo estaba llorando de alegría. Mientras me alejaba en mi auto esa noche, tenía la seguridad de que mi amigo estaba en buenas manos. La gratitud que había en su corazón era una señal admirable de que él sabía que Dios es bueno, no de oídas, sino por experiencia.

 

El astrónomo Carl Sagan dijo una vez: “Si usted desea hacer pastel de manzana partiendo de la nada, primero debe crear el universo”. Aunque no soy el tipo más brillante del mundo, creo que él estaba dando a entender que nunca debemos menospreciar el regalo de las manzanas. En realidad, no debemos menospreciar —desde el agua potable hasta el aire que respiramos, desde las articulaciones que doblan hasta los huesos que no lo hacen, y desde una vida sin preocupaciones hasta unos amigos que se preocupan por nosotros. Por eso, para mí, la ingratitud es el más detestable de los pecados; de hecho, es el origen y la causa de todos los pecados. Sin gratitud es imposible apreciar el valor de la vida y todo lo que hace que valga la pena vivir.

Si tenemos un corazón agradecido, veremos toda la creación como un regalo de Dios. Veremos nuestra vida personal de una manera semejante, y la palabra “gracias” estará a menudo en nuestros labios, ya sea durante nuestra oración a Dios o en nuestras conversaciones con otros. Esa palabra “gracias” puede, en realidad, ser la palabra más importante que podamos decir.

Ser agradecido es reconocer el amor de Dios en todo lo que nos ha sido dado.

A pesar de las dificultades, nuestra vida no es un problema que haya que resolver; es un regalo increíble que hay que recibir y apreciar. Ser agradecido es reconocer el amor de Dios en todo lo que nos ha sido dado. El estruendo de las olas del océano, el color del cielo, el canto de un ave, unas palabras amables, el sonido de la risa de los niños, el sol en nuestro rostro, la compañía de los amigos, el sabor del aire de mar, las formas de las nubes en el verano, el aroma de una flor —hay un sinfín de regalos en la vida de cada persona. Si nos preocupados solo por las pérdidas, por lo roto y por lo que no está bien, perdemos la cosecha sorprendente de todos los pequeños regalos, apilados unos sobre otros, que se acumulan sin que los reconozcamos. El que observemos más de cerca las infinitas bendiciones de un solo día, no le restará importancia ni pondrá fin a nuestras aflicciones, pero nos ayudará a recordar cuán fuertes y ricos podemos ser, incluso en medio del sufrimiento. Una sola palabra de agradecimiento puede transformar un momento de tristeza en uno de paz y alegría.

 

Ilustración por Tim McDonagh
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